El lunes pedí un turno en mi peluquería habitual para corte, hace más de 2 años que la misma persona corta los cabellos de mi cabeza y me estaría costando confiar esa tarea en alguien más porque cuando se da en el clavo con un estilista que te comprende con tan sólo mirarte es imposible engañarlo con otro. Esta mañana me levanté entusiasmada, como todas las veces que siento un cambio cerca, me preparé el desayuno y me puse frente al televisor a ver las noticias, fue una sorpresa con lo que me encontré.
Cada vez que me siento sobrepasada de sentimientos, fuera de mi eje y con necesidad de volver a encontrarme realizo alguna actividad que me de placer para volver a sentirme bella. Estos mimos no necesariamente tienen que ser estrictamente cambios estéticos radicales como cambiarme el color de pelo o cortármelo, cosa que no aconsejo, lo peor que podemos hacer las mujeres es un cambio de look en momentos de estrés, cuando volvemos a nuestra normalidad y visualizamos lo que hicimos el caos regresa para perpetuarse por meses hasta que el motivo se desvanezca. Mi sistema es distinto y más simple, observo lo más pequeño que me molesta y lo modifico, sin rodeos, corto mis rutinas, me hago un espacio y concentro todas mis energías para pensar solamente en ese momento dónde me dejo llevar, pongo mi mente en blanco y finalmente me relajo.

